‘Cuando se termine este gran hormiguero, Miami va a lucir espectacular’, dice urbanizador

By 20 May, 2019NEWS

Como toda ciudad, Miami prueba su verdadera identidad cuando se camina de noche. Al tomar la zona de La Pequeña Habana a la altura de la Calle Ocho y la avenida 9, la ciudad va desdoblándose y haciéndose más joven.

Grupos de beautiful people caminan hacia el Café la Trova, cuyo interior revive el estilo de la vieja y verdadera Habana, o se paran al borde de la calle en un chiringuito frente a un restaurante colombiano a observar cómo un chef prepara tacos y arepas.

El humo de la comida se mezcla con el perfume de fiesta que llevan unas chicas vestidas con shorts y tacones –qué más se puede usar en este verano rabioso–. La ciudad va tomando otro aire y se hace más estilizada. Brickell está cerca y el dinero presta su propio aroma.

En esa tierra de nadie que llaman West Brickell, un bolsón de calles que tiene algo en común con sus dos vecinos, Brickell y La Pequeña Habana, entre el metromover, el río Miami y la I-195, crece una parte de la Miami futura, la que prefieren los millennials.

“Ellos quieren conectividad, tecnología y acceso a los puntos divertidos. Quieren tener los restaurantes y los bares cerca. Quieren caminar de un punto a otro, montar bicicleta, y por todo eso sacrifican el espacio”, dice Santiago Vanegas, presidente y director ejecutivo de Habitat Group.

Vanegas es un urbanizador pionero en la zona de West Brickell, donde en el 2005 compró sus primeros terrenos y emprendió proyectos residenciales y hoteleros.

Compró y restauró dos hoteles abandonados, el Historic Miami River Hotel, al que vio el potencial de las cabañas de madera que dan testimonio del viejo Miami que se formó junto al río, y el Jefferson Hotel, un modesto edificio de la Pequeña Habana, al que decoró con toques de La Habana elegante y cuyas habitaciones hoy se rentan por más de $230.

Estos dos hoteles los vendió, pero habla de ellos con el mismo entusiasmo que sus nuevos proyectos, en especial las tres torres conectadas de Smart Brickell, en la avenida 9 y la segunda calle del SW.

Vanegas explica que mientras otros urbanizadores están entregando las últimas unidades de este ciclo de construcción a punto de terminar, en condominios de Brickell, el downtown y Edgewater, su compañía ya se está preparando para el próximo ciclo, y esperan entregar el primer proyecto para el 2021.

Con 25 pisos cada una y vendidas en su totalidad, las torres de Smart Brickell –la primera ya empezó a construirse– combinarán hotel y apartamentos, y tendrán los atractivos que buscan los millennials. Los sistemas de control de temperatura inteligente Nest y de luces Lifx, la sexy voz de la asistenta de Amazon, Alexa, y un programa que comunica con el concierge del edificio.

El precio de los apartamentos comienza en los $330,000 para los de 600 pies cuadrados, y los entregan con muebles minimalistas y futuristas, que se adaptan al espacio.

Vanegas explica que ha reducido el tamaño de los apartamentos para hacer los precios más atractivos en West Brickell, señalando que un condo similar en Brickell costaría $500,000 o más.

“Los millennials prefieren pagar por un espacio reducido, que tenga buenas instalaciones y esté bien localizado”, apunta.

Para el verano, la zona, que tiene a unos pasos el Brickell City Center, ofrecerá más opciones de entretenimiento y restaurantes en el nuevo complejo Riverside, que tendrá 120,000 pies cuadrados de negocios techados y al aire libre, con vistas al río Miami.

Habitat Group tiene otros tres proyectos más en West Brickell, Millux 1 y 2, dos hoteles de 57 habitaciones cuyo nombre hace referencia a los millennials, y otro con un componente de lujo, Brickell Lux, que combinará hotel y apartamentos con precios más parecidos a los de Brickell.

MODELO PERFECTO DE URBANISMO

Si bien su centro de operaciones ahora está en West Brickell, Vanegas tiene confianza en el desarrollo urbanístico de todo Miami y en su mercado de condominios, que se muestra más estable y menos especulativo.

Vanegas señala que el primer componente en la demanda de condos es el crecimiento demográfico, que solo en el downtown se espera alcance 20,000 personas en los próximos 10 años.

“La demanda está, lo que están haciendo los urbanizadores es generar la oferta”, comenta, explicando a su vez que el segundo componente de la demanda es la disponibilidad de crédito, que después de la crisis del 2010, ha sido ajustada por el sistema financiero, que es más estricto en los préstamos.

Al desaparecer el especulador del mercado, al no existir las posibilidades de un boom inmobilario, solo se han quedado construyendo los urbanizadores expertos.

“Eso significa un mejor producto, un urbanismo más eficiente, que también va de la mano con un buen código de construcción, que es el Miami 21, que para mí es prácticamente el modelo perfecto de urbanismo”, dice sobre las implicaciones que estos cambios tienen para los miamenses.

Vanegas explica que los centros metropolitanos se volvieron “hormigueros”, pero si estos se diseñan o se fuerza a los constructores a guiarse por parámetros que respeten el volumen de construcción, se obtiene una coherencia escalonada.

Pone como ejemplo que en Brickell solo pueden construirse edificios de 48 pisos, con una densidad de 500 unidades por acre; en West Brickell, edificios de 24 pisos y 200 unidades por acre, y en los corredores urbanísticos como Flagler y la Calle Ocho, solo ocho pisos y 150 unidades por acre.

Además se respetan las áreas de uso residencial, comercial o mixto.

“Cuando se termine este gran hormiguero, en 50 años Miami va a lucir espectacular porque viene escalonada y organizada, y eso no existía antes de Miami 21”, afirma, señalando que la falta de un plan explica la altura desproporcionada de los edificios antiguos que desentonan con el estilo de la zona en que están ubicados.

Vanegas también tiene una visión de desarrollo para el distrito histórico de la Pequeña Habana, entre las calles 5 y 6 y la avenida 9, donde hay edificios de arquitectura cubana de gran belleza, apunta.

El sugiere que después de la designación de distrito histórico hay que dar el próximo paso y cambiar el uso, que es solo residencial, para generar energía y traer movimiento a la zona.

“Se van a pintar los edificios de colores pasteles y los buses de turistas que ahora solo van por la Calle Ocho van a llegar hasta allí para tener esa experiencia cubana espectacular”, anticipa, consciente de que una vez que comiencen las inversiones también comenzará el proceso de gentrificación que desplazará a los antiguos residentes por el alza de los precios de las propiedades y los alquileres.

Esta es una preocupación que han manifestado los vecinos y dueños de negocios de la Pequeña Habana, que han visto cómo han subido los alquileres de los locales comerciales, en muchos casos por la cercanía con Brickell y el nuevo sello de West Brickell para el vecindario aledaño.

“Los precios están por las nubes, el tráfico es incontrolable y han desaparecido magníficos negocios familiares”, dice Ena Columbié, quien reside desde hace años en La Pequeña Habana, y aunque todavía no le han subido el alquiler vive “con el miedo que compren el edificio para derribarlo y nos quedemos en la calle”.

Columbié señala que la mayoría de los negocios son quincallas muy parecidas en los que un café puede costar $5, además de la molestia para los vecinos de que cierran las calles al tránsito cada vez que hay un evento, y se quedan sin poder salir o entrar a sus casas.

“Lo único positivo es el maquillaje que le han puesto a La Pequeña Habana, a la que hasta el nombre le han quitado, ahora se llama West Brickell”, concluye Columbié.

Por su parte, Vanegas apoya la construcción de viviendas asequibles, pero señala que tiene que haber rentabilidad para los urbanizadores, que ahora reciben beneficios tributarios que solo benefician a los grandes urbanizadores.

El considera que los corredores urbanísticos de Flagler y la Calle Ocho son ideales para realizar este tipo de proyectos y sugiere que los gobiernos de las ciudades y las entidades públicas ofrezcan subsidios a los compradores para ayudar con la cuota inicial, en lugar de dar bonos o subsidios de alquiler.

Los proyectos de construcción de viviendas económicas generarán empleos para las empresas involucradas en la construccion, y además las nuevas propiedades pagarán impuestos a los gobiernos municipales, que aumentarán la recaudación y las posibilidades de invertir en otros proyectos.